En los últimos años, he podido notar el desarrollo de nuevas variables que influyen en la rutina de ejercicios de mis alumnos, estas tienen que ver con el factor distracción y todo lo que podría interrumpir el momento que un alumno le dedica a su instrumento para practicar; es decir, notificaciones de redes sociales, llamadas, mensajes, interrupciones de familiares o amigos en el hogar, etc. Esto ha originado que el tiempo de 1 o 2 horas que el alumno solía dedicarle a su instrumento se reduzca a 20 o 15 minutos, en el peor de los casos. Dicho esto, considero que lo más adecuado para tener un momento de práctica es fijar un horario de sólo 30 minutos por día, tiempo reducido pero eficiente.
Evidentemente, esta modalidad de corto tiempo debe estar libre de cualquier tipo de distracción o interrupción y se debe llevar a cabo en un momento del día en el que el alumno disponga de mayor cantidad energías, por ejemplo, por las mañanas o después de una siesta por la tarde. Queda claro que practicar un instrumento por las noches es lo menos recomendable, ya que es el momento del día en el que usualmente uno se encuentra más agotado.
Finalmente, la distribución de los temas que se práctican a diario deben estar repartidos en teoría y práctica. Aquí está la segunda clave. Si la teoría es comprendida desde un inicio, se puede reducir considerablemente el tiempo en el que un alumno puede aprender a tocar guitarra o cualquier otro instrumento.