Iniciar esta experiencia parece algo futurista en nuestro país. No obstante, las clases virtuales ya se han implementado ampliamente en países con políticas que se encargaron de desarrollar esta área. Sin ir muy lejos, por ejemplo, la Universidad de Buenos Aires ofrece cursos a distancia, con las certificaciones correspondientes.
Como estudiante de la facultad de letras de la universidad San Marcos tengo algunas ideas sobre este asunto. Antes de que la pandemia azotara nuestro país, las clases eran presenciales, al estilo clásico. Un alumno debía atravesar el extenuante tráfico de la ciudad para llegar al lugar para tomar clase. El cambio de paradigma nunca hubiera sido implementada si el SARS-CoV-2 no hubiera llegado a nuestro país. Lamentablemente la coyuntura ha probado su falta de preparación para controlar la enfermedad y es lamentable el número de decesos que deja la inclemente enfermedad a su paso. Sin embargo, mi punto de vista rescata el aspecto positivo que trajo la enfermedad: la masificación de las clases virtuales.
Plataformas como estas, permiten a personas, como nosotros, ejercer de manera independiente y me parece un buen acicate, para masificar la educación de calidad. La interfaz establece un sistema en el que el alumno puede calificar al profesor y así seleccionar a los más destacables. Desde esta perspectiva podría decirse que la pandemia nos ha hecho madurar en cuestiones educativas y ha obligado a modernizar nuestro sistema de enseñanza. Hubiera sido impensable la implementación de un sistema educativo a distancia en una situación sin enfermedad, debido a los ya conocido problemas de nuestro país.
A medida que la situación avanza, se va notando que las clases virtuales son más aprovechables que las presenciales principalmente porque eliminan el esfuerzo de movilizacion hasta el recinto del saber. Además, demuestra que la institución no recae en el lugar, sino en la relación entre el docente y el alumno. Por ese motivo, la principal preocupación no debería recaer en la institución, sino en el material humano.
Una proyección que auguro sobre este sistema es que seguirá creciendo y fortaleciendose a medida que la tecnología cobra fuerza y la docencia ingresa al mundo virtual. La accesibilidad a la educación será más amigable y masificada para muchas personas más.